Innovación y prosperidad de las naciones

Guillermo Dorronsoro Artabe
Director de Ibermática en el País Vasco y profesor en Deusto Business School.
Imagenes LV propias

Los primeros pensadores griegos que acuñaron el término economía, se esforzaron en entender y explicar cómo mejorar la prosperidad de las “polis”, las ciudades-estado. Siglos más tarde, Adam Smith, considerado el padre de la ciencia económica, tituló en 1776 precisamente su tratado más célebre con un nombre muy explicativo: Una investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones.

Claro que las ideas que valían en la Antigua Grecia, no son las mismas que servían en la Revolución Industrial, y no son las que sirven en el siglo XXI. La pregunta es siempre la misma (¿qué hace que las naciones prosperen?), pero las respuestas correctas van cambiando. Así que, formulada ahora, la pregunta sería ¿cuál es la razón, la causa fundamental del progreso de las naciones, pero actualizada al siglo XXI y a las naciones del primer mundo? La respuesta es innovación y está al alcance de nuestra mano.

Las diez llaves

Hay tres condiciones previas, sin las cuales esperar que una nación prospere es como pedir peras al olmo. Son los cimientos que cualquier modelo económico y social necesita, y tienen que ver mucho con el modelo educativo.

1. Una sociedad culta, con ciudadanos informados y críticos, capaces de entender qué cosas hay que cambiar para adaptarse a los nuevos tiempos, y que cosas hay que conservar para preservar las raíces y la cohesión social.

2. Una sociedad civil vertebrada, movilizada, que entiende que los retos del futuro exigen compromiso, y no solo reclamar que otros (administraciones o empresas), hagan su trabajo. Para avanzar, es preciso una sociedad civil puesta en pie, no recostada…

3. Líderes, en la política, en la empresa y en la sociedad civil, con la visión para hacer apuestas de transformación de medio y largo plazo. Y con el coraje de explicarlas y de llevarlas adelante aunque no se acaben de entender… Las tres condiciones anteriores pueden parecer obvias, pero en muchas naciones no pueden darse por descontadas. Llevamos muchas décadas disfrutando de una alta calidad de vida, y el tridente de ciudadanía, sociedad civil y liderazgo a veces se nos ha quedado un poco oxidado. La innovación exige transformación, y la transformación requiere esfuerzo: no es un camino sencillo, ni cómodo.

Tres elementos

¿Qué tres elementos configuran un sistema de innovación moderno y competitivo?

4. Para transformar, son necesarias nuevas ideas. Y sabemos que un buen sistema de Ciencia y Tecnología es la mejor forma de producirlas. Universidades, Centros de Investigación y Centros Tecnológicos que estén publicando en la frontera del conocimiento humano, garantizan a las empresas una fuente de innovaciones renovadas.

5. Claro que las ideas no pueden quedarse en las publicaciones científicas, tienen que llegar a las empresas y a la sociedad. Eso exige crear un ecosistema que, partiendo de la investigación básica, sea capaz de aplicarla en desarrollos tecnológicos e innovaciones que generen nuevos productos y servicios. Cuanto más cerca del mercado, menos necesarios son los fondos públicos: el dinero privado entra rápido si el negocio está cerca. ¿Y el conjunto de este ecosistema, requiere de mucha inversión? Basta con dedicar en torno a un 3% del PIB (en esta cifra se suman los fondos públicos dedicados a generar conocimiento que señalaba en el punto anterior, y los fondos privados para generar innovaciones basadas en ese conocimiento).

6. El Sistema de I+D+i, requiere de buena gobernanza y de una constante comparación con los mejores estándares internacionales, que garantice que esa inversión obtenga el máximo rendimiento. Para desarrollar un sistema de estas características, hacen falta dos o tres décadas, no dos o tres años. Una legislatura no da para ponerse medallas con esta apuesta. Y no vale con dar bandazos, eso destruye lo creado en los años anteriores…

Público-privado

Nos quedan los últimos cuatro puntos, no menos importantes.

7. De las explicaciones anteriores sobre el modelo queda claro que es precisa para su construcción de la colaboración de lo público y lo privado, de la ciencia y de la industria. La colaboración público privada, y de las diferentes tipologías de agentes, es una clave fundamental para un correcto funcionamiento del sistema de innovación.

8. Por su importancia, merece un punto específico el ecosistema de financiación (entidades financieras y grandes grupos industriales). Si falta esa capacidad en los inversores locales de acompañar el desarrollo de este tipo de iniciativas basadas en la innovación, puede ocurrir que los inversores y grandes grupos empresariales vengan de fuera, y alejen para siempre los centros de decisión y control efectivo de las nuevas empresas creadas.

9. Por su importancia, merece un punto específico el ecosistema de financiación, que debe cubrir no solo las fases iniciales de start-up con capital semilla, sino también las etapas de desarrollo posterior, en el que el riesgo se va aquilatando, pero en los que la intensidad de la apuesta es más considerable…

10. Por último, este decálogo no podía cerrarse sin una referencia a la importancia de una cultura emprendedora, de asunción de riesgos, y de valoración social del papel del empresario.

Este punto cierra el círculo con el primero. Una sociedad que sea consciente de los retos de transformación que tiene por delante, de forma natural asume un perfil menos conservador, de más riesgo y apuesta, porque entiende que para mantener y desarrollar la prosperidad que hemos alcanzado, no queda otra que seguir por el camino que siguieron nuestros antecesores.

Lo otro es ser una sociedad rentista, que quiere seguir cobrando pensiones altas (algo muy complicado en las dos próximas décadas en las que nos jubilamos la generación del baby-boom) y disfrutar de sistemas de salud y de educación bien dotados.

Solo hay un camino para ello, y es seguir el decálogo que se resume en este artículo. La buena noticia es que todos y cada uno de sus puntos están a nuestro alcance.

La mala noticia, es que muchos parece que no se han enterado, y tiran de recetas mágicas como “subir los impuestos a los ricos”, o “aumentar la deuda pública”, que para estas alturas conocemos que conducen a callejones sin salida (como el griego o el italiano…)

Una legislatura no da para ponerse medallas con esta apuesta. Y no vale con dar bandazos, eso destruye lo creado en los años anteriores

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