Tres futuros y medio para los partidos

Oscar Barberà
Profesor de Ciencia Política de la UV. Su especialidad es el estudio de los partidos políticos.

 

En Ready Player One se presenta una distopía en la que la humanidad renuncia a vivir en la realidad física para pasar sus días en un mundo virtual alternativo. El best-seller del escritor Ernest Cline, recientemente adaptado al cine por Steven Spielberg, tiene pocas referencias a la política. Sin embargo, no cuesta imaginar que, en un futuro de este tipo, también los partidos políticos y, por extensión, todo tipo de organizaciones (incluidas las AAPP) estarían presentes en esta realidad online paralela. De hecho, muchos de ellos ya están dando pasos en este sentido. Sin embargo, siguen apostando por combinarlos con las formas organizativas convencionales basadas en estructuras de base territorial o sectorial organizadas jerárquicamente.

En una o dos generaciones habrá ciberpartidos en los que se interactuará, deliberará y se tomaran decisiones online

 

¿Es verosímil que, en una o dos generaciones, hallemos ciberpartidos en los que toda forma de interactuar, deliberar y tomar decisiones sea exclusivamente online? La tecnología posiblemente esté lista bastante antes, como lo atestigua el hecho que ya disponemos de universidades, bancos y empresas exclusivamente online ¿Lo estaremos las personas? Ello dependerá de la confianza que nos inspire la tecnología, del valor que demos a las formas de acción colectiva digital, de cuánto apreciemos la sociabilidad en persona, o de nuestras concepciones de la autoridad y la democracia.

Ciberpartidos

Hasta el momento, el desarrollo de las nuevas tecnologías se ha tendido a vincular con la promoción de formas horizontales y participativas de organizar la política de partido: e-voto, deliberaciones online, democracia líquida… Por otro lado, no es difícil concebir el surgimiento de ciberpartidos extremadamente jerarquizados que puedan ser eficaces máquinas de guerra electoral y donde la deliberación y democracia brille por su ausencia.

El desarrollo tecnológico es una parte de la ecuación que ayuda a entender por donde puede pasar el futuro de los partidos políticos. Otra clave interpretativa pasa por la forma en que estos articulen su relación con la sociedad civil.

La teoría social más influyente de las últimas décadas tendió a enfatizar la progresiva desconexión entre los partidos y ciudadanía, lo que erosionó sus tradicionales funciones de agregación y estructuración de demandas sociales. Por eso, algunos académicos hablaron del futuro de los partidos como agencias del Estado o de la eventual creación de cárteles relativamente impermeables a las demandas sociales.

En su últimos escritos, como los de Gobernando el vacío, el politólogo Peter Mair advertía contra estos y otros peligros de partidos cada vez más responsables, pero menos responsivos. De ahí a la casta solo había un paso.

Para el confort de los que creen que la historia avanza dialécticamente, una de las consecuencias de la última Gran Recesión parece apuntar al hundimiento de las tradicionales familias políticas moderadas y al surgimiento de nuevas tradiciones intelectuales más responsivas. El crecimiento de la derecha e izquierda radicales, así como el renovado énfasis en las políticas de la identidad (territorial, de género…) son ejemplos ilustrativos de este fenómeno.

Partidos movimiento

La proliferación de nuevos movimientos políticos estrechamente arraigados en nuevos movimientos y protestas sociales (15M, las mareas, el soberanismo, la frustración con la globalización…) sin duda constituye la antítesis de la casta y la cartelización presagiadas por Mair. Ahora bien, en estos emergentes partidos movimiento, como los denominó Herbert Kitschelt, la confusión entre la política y el movimiento suele tener como víctima propiciatoria a la responsabilidad y la estabilidad institucional. ¿Cabe pensar en alguna síntesis entre la política del cártel y la política de la calle? Por el momento la rápida transformación de los sistemas de partidos occidentales ha resultado en una creciente confusión, polarización y desgobierno.

Entre la tecnopolítica y la protesta, un tercer futuro para los partidos puede pasar por la tentación personalista. Sin duda, cabe objetar que esta es una opción que siempre ha estado ahí y que la transformación de los medios de comunicación ha reforzado en los últimos tiempos. ¿Qué formas podrían tener los nuevos personalismos del futuro? Vinculándolo con lo ya expuesto, una posibilidad muy presente es la construcción de nuevas plataformas (online) o de pseudomovimientos políticos para mayor gloria del líder y su camarilla.

Candidato Apple

Desde Berlusconi a finales del siglo pasado, uno de los elementos clave del éxito de los nuevos empresarios de la política radica en su alianza con (o control de) grandes grupos de comunicación. ¿Se imaginan un futuro de candidatos Mr. Facebook, Mr. Google o Mr. Apple? Obviamente, el éxito de este tipo de soluciones presagia problemas de calidad democrática en la medida en que la competición electoral puede quedar adulterada por la desigualdad entre contrincantes. Por otro lado, lo que sabemos de los partidos personalistas tradicionales es que tienen grandes dificultades para sobrevivir a su promotor. Mientras no lleguemos a las técnicas de clonación de Altered Carbon, es difícil pensar que esto vaya a cambiar en un futuro próximo.

Si a estas alturas no se han tirado por la ventana, permítanme sugerirles media alternativa un poco más optimista: si las sociedades occidentales afrontan con algo de acierto y paz los retos de que el futuro próximo nos depara, el desarrollo de nuevas generaciones con valores más humanistas debería llevarnos a una política y políticas públicas mejores, no peores.

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