Boston y Barcelona: unidas por la diplomacia científica

Consejera delegada y cofundadora de la empresa de tecnologías médicas Neuroelectrics. Ganadora del UE Prize for Women Innovators y el International Women’s Entrepreneurial Challenge. Nombrada una de las mujeres más inspiradoras de Europa por la lista Inspiring Fifty. Embajadora de Barcelona Alumni en Boston

Mirando por la ventana de mi oficina en Cambridge, Boston, veo como los copos de nieve tiñen el paisaje y pienso en Barcelona y en lo diferentes que son ambas ciudades. Sin embargo, no puedo sino sonreír al pensar que hay algo que trasciende barreras culturales, lingüísticas y geográficas: la ciencia. La pasión por avanzar en el conocimiento y solucionar grandes retos es lo que impulsa, cada año, a miles de personas a desplazarse por el mundo, creando redes de talento global.

Giulio Ruffini y yo llegamos a Boston hace cuatro años con el fin de colaborar más estrechamente con investigadores en el campo de la neurociencia y avanzar en el desarrollo de nuevas terapias para reducir crisis epilépticas, aliviar dolores neuropáticos o detectar marcadores tempranos de enfermedades como las de Párkinson o de Alzhéimer. Boston alberga uno de los ecosistemas de innovación más prolíficos del mundo. Es un bastión en el sector de la biotecnología y las ciencias de la salud. Universidades e instituciones académicas de élite como Harvard o MIT, algunos de los hospitales punteros del mundo, grandes multinacionales farmacéuticas y empresas de equipos médicos radican aquí.

Estimulación eléctrica

Al llegar a Boston, establecimos estrechas colaboraciones con la Universidad de Harvard, el Beth Israel Deaconess Medical Center y el Boston Children Hospital. Estos acuerdos nos permitieron diseñar un estudio clínico sobre epilepsia que presentamos a la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) y que ahora arroja resultados prometedores de cara a aprovechar el potencial de la estimulación eléctrica transcraneal para tratar este trastorno cerebral.

No creo que seamos cerebros fugados. De hecho, no me gusta utilizar este término. La diáspora internacional de investigadores y emprendedores científicos formada en Barcelona somos argonautas: los alumni del ecosistema de conocimiento catalán somos exploradores dispuestos a abrir nuestro camino en otros países y buscar alianzas para transformar lo que un día fue una idea en el Observatorio Fabra en una herramienta real al servicio de los pacientes.

Si los retos son globales, desde el cambio tecnológico y la digitalización al envejecimiento y la transición demográfica, las oportunidades también lo serán

Estar en los Estados Unidos ha significado una oportunidad para crecer y establecer colaboraciones con socios asiáticos. Interpelar y escuchar a consumidores de todo el mundo ha supuesto un paso clave en el proceso de innovación. Por otro lado, no existe un solo reto global, sea este detener el cambio climático, desarrollar nuevas terapias para enfermedades neurodegenerativas o ralentizar el envejecimiento, que pueda prescindir de una visión global y multidisciplinar.

En demasiadas ocasiones, Barcelona y por ende Catalunya, carecen de la voz y el liderazgo que le corresponde por su peso económico, cultural y científico. Sin embargo, existen muchos profesionales vinculados a nuestro ecosistema del conocimiento que están liderando algunas de las iniciativas más importantes en la escena científica y tecnológica internacional. Científicos como Álvaro Pascual-Leone, profesor de Neurología en Harvard; Bernat Ollé, director de una empresa que desarrolla fármacos que modulan el microbioma humano; Elisabeth de los Pinos, emprendedora de éxito en el tratamiento del melanoma ocular o Israel Ruiz, vicepresidente de una de las universidades más prestigiosas del mundo –el MIT–, son algunos de los pioneros que nos encontramos.

Es más necesario que nunca coordinar esfuerzos y aprovechar el enorme talento que existe dentro y fuera de nuestras fronteras para ocupar una posición de liderazgo en la resolución de los grandes retos globales. Cultivar y fortalecer nuestras relaciones con esta red internacional de científicos y emprendedores de la innovación, constituye una herramienta estratégica que trasciende las redes económicas o culturales tradicionales. Identificar, interpelar y visibilizar el papel de estos profesionales, que dirigen grupos de investigación, instituciones y empresas en todo el mundo, abre un sinfín de oportunidades. Además, mantener activamente el contacto de la diáspora del conocimiento permitirá intercambiar buenas prácticas, impulsar nuestro desarrollo profesional y empresarial fuera, atraer inversiones, promover colaboraciones académicas e incrementar las conexiones globales del tejido empresarial catalán.

Diplomacia pública

Boston es un ejemplo paradigmático del papel que desempeñan la ciencia y la tecnología en el ámbito de las relaciones internacionales, la diplomacia pública y su contribución a proyectar la ciudad como un actor con voz y voto en los grandes retos globales. Resulta significativo que todos los consulados extranjeros cuenten con la figura del agregado científico y cada semana tienen lugar en la ciudad reuniones, encuentros o jornadas en los que centros de investigación, universidades y empresas de todo el mundo presentan sus proyectos delante de potenciales socios, clientes o inversores.

Como embajadora de Barcelona Alumni, y junto con otros investigadores y emprendedores en la Costa Este de los Estados Unidos, podemos hacer de altavoz de Barcelona y su ecosistema innovador: conectar capacidades, instituciones y empresas para que este talento revierta en la ciudad y lanzar nuevas iniciativas que contribuyan a construir un futuro de progreso. Si los retos son globales, desde el cambio tecnológico y la digitalización hasta el envejecimiento y la transición demográfica, las oportunidades también. Será fundamental encontrar fuentes de financiación que permitan a equipos de ambos lados del Atlántico trabajar codo con codo. La dedicación intensa a un proyecto común es indispensable para entender el valor que podemos aportarnos los unos a los otros.

La nieve sigue cayendo y no puedo dejar de pensar que, pese a la distancia, Boston y Barcelona, gracias a su compromiso con las ciencias de la vida y la excelencia científica, no se encuentran tan lejos. Los miembros de la red Barcelona Alumni y el proyecto de diplomacia científica de SciTech DiploHub haremos lo posible por acercarlas, aún más.

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