Explorando el espacio

Profesor de Astrofísica en la Queen Mary University of London. Encabeza el grupo que ha descubierto el Próxima b, el planeta potencialmente habitable más próximo a la Tierra. Escogido como uno de los diez científicos más destacados de 2016 por la revista Nature y como una de las cien personas más influyentes del mundo por la revista Time el 2017. Es embajador de Barcelona Alumni

Qué nos lleva a innovar? ¿Por qué es importante promover la investigación básica y las colaboraciones científicas entre países? ¿Qué factores permiten posicionar a Barcelona como polo científico mundial?

El conocimiento se define como la acumulación de modelos, experimentos y resultados. Existen muchas maneras de adquirirlo. La ciencia –el método científico– comprende un conjunto de procedimientos consensuados utilizados para ampliar el conocimiento contrastable. Suponer, sin embargo, que el interés académico o filosófico es suficiente para espolear el compromiso social con la ciencia es naíf. Se deben entender los incentivos subyacentes a la actividad científica. ¿Por qué investigamos? ¿Por qué destinamos recursos a la generación de conocimiento? ¿Qué función desempeñan los individuos?

El conocimiento contrastable aporta dos grandes ventajas, las cuales explican los dos incentivos que impulsan la actividad científica: uno cultural y otro económico. En primer lugar, un experimento reproducible puede aplicarse tanto aquí como en China, tanto hoy como de aquí a dos cientos años. La ciencia es un lenguaje universal, trasciende fronteras temporales y geográficas. Nace del deseo de compartir y extender nuestra manera de vivir y ver el mundo. Los descubrimientos científicos de primer orden dejan una fuerte huella histórica y cultural. La mayoría de leyes termodinámicas llevan asociados nombres franceses o anglosajones, que reflejan qué países impulsaron la revolución industrial. Los países punteros en investigación e innovación a menudo ejercen también un liderazgo cultural y político.

A un proyecto espacial no se accede llamando a una puerta; la conectividad 
de investigadores es clave para participar en grandes proyectos científicos

La segunda ventaja de abanderar la revolución científica es económica. La innovación es el proceso de incorporar el conocimiento contrastable a la economía, incluyendo desde el principio activo que cura al paciente oncológico hasta la tecnología que permite geolocalizar un vehículo. Al mismo tiempo, los ciudadanos se benefician de los réditos de la innovación y apoyan los gobiernos que invierten en políticas científicas. Este proceso se para cuando los gobiernos fracasan al comunicar la importancia de crear conocimiento contrastable a la población: recortes presupuestarios, corrientes negacionistas hacia el cambio climático, movimientos antivacunas… Por ello, como sociedad civil, que la ciencia y la innovación estén en el centro de la agenda y el debate públicos, es también una responsabilidad compartida.
Estos incentivos a la actividad científica –cultural, económico– condicionan el funcionamiento de la investigación. Por una parte, las naciones compiten continuamente por liderar el descubrimiento de nuevos fenómenos e innovaciones tecnológicas. Por la otra, aparecen vías de cooperación internacional a partir de los nexos científicos entre países. La investigación en los espacios no gobernados –el fondo marino, las regiones polares, el espacio exterior– es el ejemplo de colaboración multilateral o diplomacia científica por antonomasia.

Movilidad y estabilidad personal

Aunque la generación de conocimiento tiene un valor global, sus incentivos operan a nivel local. Lo que se conoce como hubs o ecosistemas de la innovación, radicados en las grandes ciudades, constituyen el centro neurálgico del intercambio de ideas, allí donde resulta más fácil que las nuevas actividades económicas se desarrollen debido a la concentración de recursos y capital humano. Si bien la actividad científica destaca por la movilidad del talento, la mayoría de profesionales acostumbran a establecerse definitivamente en búsqueda de estabilidad personal. A partir de este momento, el bagaje de contactos y conocimiento se consolidan en el territorio. Establecer mecanismos de circulación del talento joven para asegurar un contacto permanente con las nuevas ideas, por una parte, y consolidar el talento experimentado, por la otra, debería estar en la agenda de un gobierno responsable. Además, la identificación y dinamización de la diáspora de talento científico en el mundo formado en la ciudad refuerza su liderazgo cultural y económico. En el siglo XXI la industria de la innovación, entendida como sector económico, es la única con garantías de asegurar prosperidad y bienestar a largo plazo.

Se podría pensar que eso solo se puede alcanzar destinando recursos a nuevos centros de investigación. La innovación, sin embargo, requiere herramientas legislativas e infraestructuras propias que permitan concentrar masa crítica y aprovechar sinergias para atraer, retener y conectar talento. Entre los ejemplos destacan el International Space Science Institute (ISSI), con doble sede en Berna y Pekín; el Woodshole Research Center, en Boston, o, sin ir más lejos, el Centro de Ciencias de Benasque.

La conectividad de investigadores es clave para participar en grandes proyectos científicos. La exploración del espacio es un caso paradigmático. A un proyecto espacial no se accede llamando a una puerta. Debido a los costes y necesidades de coordinar un gran número de instituciones, hay que estar conectado desde el principio. Una forma natural de conseguirlo es facilitando la movilidad de investigadores posdoctorales en proyectos de todo el mundo, premiando la conectividad además de la calidad de la investigación.

Proyectos  espaciales en Catalunya

Algunos grupos de investigación en Catalunya participan en proyectos espaciales gracias a las conexiones que sus investigadores establecieron tras su doctorado. Se organizan bajo el Institut d’Estudis Espacials de Catalunya (IEEC), que permite consorciarse para liderar proyectos mayores en colaboración con institutos de Londres o París. El IEEC es un ejemplo de acción legislativa que permite desarrollar un área científica concreta y proyectarla internacionalmente, de forma que contribuye a la gestión compartida de un dominio no gobernado como el espacio. La exploración y explotación (innovación) del espacio es un área en expansión. Que Barcelona se desarrolle como hub internacional en las ciencias y tecnologías del espacio dependerá de cómo se articule la red de centros de investigación, así como de su capacidad para organizar estrategias comunes, fomentar la interacción con la industria y sobre todo, mantener interpelada y conectada la diáspora de talento de todo el mundo.

En resumen, la investigación básica y la innovación son industrias de largo recorrido. Una vez consolidadas las infraestructuras, es prioritario promocionar el talento y sus conexiones globales. La innovación no aparece por casualidad: existen estrategias bien estudiadas para fomentarla. Pasan ineludiblemente por la creación de mecanismos de interacción entre sectores, la circulación y conexión del talento internacional y la consolidación profesional del talento experimentado. La colaboración entre países por medio de la diáspora, además, nos permite construir proyectos de largo alcance. El éxito de una ciudad como Barcelona recaerá en su industria de la innovación y su capital humano, aquí y en el mundo.

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