¿Existe una identidad metropolitana?

Mariona Tomàs
Profesora agregada Serra Húnter de Ciencia Política y miembro del Grupo de Investigación en Estudios Locales de la UB, es doctora en Estudios Urbanos per la universidad de Quebec. Su último libro es "Governar la Barcelona real: Pasqual Maragall i el dret a la ciutat metropolitana (2017)".
AMB contaminación barcelona tema 1 tram (Getty)

Más de la mitad de la población mundial vive en áreas urbanas y la tendencia es que esta proporción aumente. En vista de estas podemos preguntarnos si existe una identidad metropolitana: una identificación con un espacio supramunicipal. Los estudios que se han realizado subrayan que el elemento clave es la movilidad. Es decir, el hecho de pasar parte del día en municipios diferentes (para trabajar, estudiar, por ocio) ayudaría a sentirse “ciudadano metropolitano”. Otra cuestión clave es su diseño institucional: ¿el área metropolitana cuenta con un gobierno o es un territorio fragmentado en municipios sin ninguna coordinación entre ellos? Contar con un gobierno metropolitano de elección directa, con fuertes competencias y autonomía fiscal es el elemento determinante.

En Europa hay autoridades metropolitanas de elección directa. Pero no hay estudios que corroboren la relación causal entre identidad y diseño institucional. Un indicador de la existencia de una identidad metropolitana puede ser la participación electoral. Si comparamos las tres últimas elecciones metropolitanas en Londres, Stuttgart y Hannover, vemos que la tasa de participación es inferior al 50%. En los casos de las únicas elecciones celebradas el año 2017 en las instituciones metropolitanas inglesas, la participación en Manchester ha sido del 29% y en Liverpool del 26%.

El territorio del AMB incluye la primera corona metropolitana: 36 municipios y 3,2 millones de habitantes

La baja participación cuestiona la idea de legitimidad, aunque la participación en las elecciones en el ámbito local es similar. Otra forma de crear identidad metropolitana es mediante la movilización colectiva. ¿Es el área metropolitana un ámbito de movilización de las asociaciones? ¿Reivindican sus demandas a escala metropolitana? Tradicionalmente operan a escala de barrio, pero muchos de los retos actuales (ambientales, socioeconómicos) se despliegan en clave metropolitana.

¿Qué es la AMB?

En Catalunya solo existe, formalmente, un área metropolitana. El Área Metropolitana de Barcelona (AMB) es una administración local creada por la Ley 31/2010 del Parlament de Catalunya, donde se fijan sus competencias (urbanismo, transporte, medio ambiente, desarrollo económico y cohesión social), su financiación (mixto entre transferencias e impuestos propios) y su modo de elección (indirecta).

Todos los alcaldes tienen representación y un número de concejales según el peso de la población (excepto Barcelona, que tiene un número fijo). Durante sus primeros siete años de vida el AMB ha sido presidida por el alcalde de Barcelona, aunque la ley no lo establece como condición. El territorio del AMB incluye la primera corona metropolitana: 36 municipios y 3,2 millones de habitantes, el núcleo central de lo que se considera la región metropolitana o el espacio funcional en términos de movilidad y mercado laboral.

¿Se ha creado una identidad a escala metropolitana? Partimos de que en el AMB hay una movilidad obligada y no obligada cada vez más elevada y que, a pesar de no tener un verdadero gobierno metropolitano, hay una institución de referencia. Para responder a la pregunta, utilizaremos los resultados de una investigación realizada en el seno del Grupo de Investigación en Estudios Locales de la Universitat de Barcelona entre 2013 y 2016.

Pertenencia

En primer lugar, está la vinculación con el territorio. Cuando se pregunta sobre la identidad con el municipio o con el país (sea este Catalunya o España), las personas dicen tener un sentimiento de pertenencia fuerte. En el caso de los municipios, o de los barrios de Barcelona, lo definen como el lugar “donde me siento como en casa” y muestran una vinculación muy estrecha.

En cambio, el área metropolitana no les suscita ningún sentimiento de pertenencia: es algo abstracto, un ente administrativo, sin ningún tipo de vínculo emocional. En esta percepción hay una excepción: para algunos habitantes de los municipios metropolitanos, el ámbito metropolitano es el espacio donde vive la clase trabajadora y donde se comparte un cierto estilo de vida similar.

Para este grupo, Barcelona (identificada con el centro de la ciudad) es un espacio reservado para personas con un alto poder adquisitivo. Sin embargo, este sentimiento no es lo suficientemente fuerte en comparación con la vinculación con el municipio y el país. En nuestro contexto, con unos vínculos muy fuertes tanto a nivel municipal como nacional, no habría espacio para otra identidad (la metropolitana). De hecho, ¿es necesaria? ¿Se debería promover? La respuesta dependerá de la fuerza política que se quiera dar al ámbito metropolitano y de cómo la ciudadanía interactúa con este espacio.

Sin relato

En segundo lugar, una constatación es que las personas no saben identificar qué es el área. Las definiciones son ambiguas, asociadas a un espacio por donde la gente transita y se mueve, pero cuyos límites desconocen. Es difícil tener una identidad metropolitana si de entrada no se sabe de qué territorio se habla. En tercer lugar, está la elección directa de una alcaldía metropolitana: la investigación muestra un rechazo a unas elecciones a esta escala, especialmente por parte de los ciudadanos de fuera de Barcelona. Cuando más pequeños son los municipios, más contrarios se muestran sus habitantes. El miedo a perder la proximidad con su alcaldía son las razones a este rechazo, junto con el coste de escoger y remunerar a más políticos.

En último lugar, está la cuestión de una movilización a escala metropolitana. En Barcelona tenemos algunos ejemplos aislados, como “la guerra del agua” o, tímidamente, la reivindicación de la unión de los dos tranvías para favorecer la movilidad metropolitana. Temas como el acceso a la vivienda han dado lugar a movimientos sociales como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca o el Sindicato de Inquilinos. A pesar de tener una dimensión local, son temas de alcance metropolitano, y por lo tanto hay un potencial para su desarrollo a una escala metropolitana y para empezar a dotar de sentido colectivo el espacio metropolitano.

En resumen, todos estos factores influyen en la emergencia de una identidad metropolitana. Esta será más fácil de construir si hay una vinculación afectiva y un conocimiento del territorio, un diseño institucional y una movilización ciudadana que favorezcan la creación de un relato metropolitano. En las condiciones actuales, no existe.

Contar con un gobierno metropolitano de elección directa, con fuertes competencias y autonomía fiscal es el elemento determinante

 

¿Te ha gustado este articulo? Compartir