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Identidad urbana

24 Sep 2018
Editorial
Las próximas elecciones a las que seremos convocados, si no se producen modificaciones de un guion más bien inestable, serán el 26 de mayo del 2019. Aquel día coincidirán europeas y municipales. Será momento para calibrar si nuestra política sigue congelada (o no) por la avería del modelo territorial. Un momento clave porque quizás las europeas serán más trascendentes que nunca: se planteará una disyuntiva en relación al modelo de la Unión. Y clave porque las municipales pueden seguir compactando bloques identitarios o pueden resarcirnos de la simplificación que ha sido tan útil para dibujar una imagen del país en blanco y negro. El área metropolitana será, en este sentido, capital. Con Barcelona en el centro, ensanchándose a través del área y su región, la realidad metropolitana es un hecho geográfico y económico donde la gestión de la complejidad se convierte en reto democrático cotidiano. Porque es sobre todo en el área donde asedian las problemáticas claves de gobernanza de nuestra sociedad global –urbanismo y cohesión, educación o nueva inmigración–. Una sociedad porosa que, en la vida real, trocea clichés porque es plural. Esta es la conclusión de nuestras páginas.

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