Rusia y la UE en el marco postunipolar

Investigadora principal del Real Instituto Elcano y autora de "Breve historia de la Revolución rusa"

Cuando Rusia emergió como Estado nación, sucesor de la Unión Soviética, en 1991, la Unión Europea y los Estados Unidos alimentaron la expectativa de que, una vez agotado el papel de las ideologías y de la geopolítica en la historia, Rusia se integraría en las instituciones internacionales creadas, sostenidas y lideradas por los EEUU desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
La presunción de que Moscú pretendía integrarse en el orden internacional liberal y de que no representaría en adelante una amenaza para la seguridad y defensa de Occidente partía de la debilidad económica de la Rusia de los años noventa y del supuesto de que esta aspiraba a formar parte de una civilización, la occidental, que había envidiado, imitado, admirado y odiado a partes iguales, lo que le haría renunciar a ser una gran potencia autónoma.

Sin embargo, la recuperación económica de los años 2000, la llegada al poder de Vladimir Putin, y la convicción de ser víctima de los engaños y de la hipocresía de Occidente (respecto a la ampliación de la OTAN) insufló al Kremlin la fuerza y confianza necesarias para afirmarse frente al mundo liderado por EEUU.

De socio a desafío

Rusia rechazó la intervención en Irak en 2003, intervino en Georgia en 2008 y en Ucrania en 2014 para impedir el ingreso de estos países en la UE y la OTAN, y en Siria en 2015 para defender el régimen de Bashar al-Assad.

Entre 1991 y 2014 Rusia fue “socio estratégico” de la UE, pero se convirtió, entre 2014 y 2016, en “el desafío estratégico más importante para la UE”, como se sostiene en el Documento de la Estrategia Global para la Política Exterior y de Seguridad de la UE de ese último año. La mutación de socio en adversario refleja la percepción europea de la disposición del Kremlin a usar la fuerza militar para alcanzar sus objetivos geopolíticos (bloquear la ampliación de la OTAN y la UE en las ex repúblicas soviéticas, sembrar la división entre los países miembros de la UE, ejercer influencia política a través de las campañas de desinformación y apoyo a partidos populistas).

El Kremlin ve a la UE como el caballo de Troya de la OTAN, a la que considera y define como una de las mayores amenazas para su seguridad nacional. La identificación de la UE con la OTAN y los EEUU la convierte en enemigo potencial de Rusia, de modo que Moscú trata de debilitar el vínculo transatlántico.

Rusia y China aspiran a un nuevo orden mundial de relaciones entre potencias, sin la hegemonía norteamericana

 

Agotamiento

Tras el período unipolar de los EEUU entre 1991 y 2001, su influencia política se ha degradado en diferentes regiones del mundo, por su agotamiento militar y desinterés, y por la asertividad geopolítica de Rusia y China, dos potencias revisionistas, unidas por intereses comunes, que aspiran a construir un orden mundial multipolar basado en un nuevo tipo de relaciones entre las grandes potencias, sin la hegemonía norteamericana.

Todavía no está claro cómo va a ser ese orden, pero sí como sería el modelo de las relaciones entre la UE y Rusia: estas se caracterizarían por la interdependencia económica y energética, por la cooperación limitada (en la lucha contra el terrorismo, la proliferación nuclear y el cambio climático), y por la incompatibilidad entre dos visiones del orden internacional entendido como compromiso con los valores democráticos, la libertad y los derechos humanos.

Además, hay que recordar que la tan deseada autonomía estratégica de la UE respecto a los EEUU no perjudicaría tanto a estos como a Europa, que no podría mantener una autonomía similar respecto a Rusia sin la ayuda de los EEUU y de la OTAN.

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