El pulso de las comarcas

Ingeniero industrial. Ha sido profesor de Tecnología en la UdG, es CEO de la empresa LC Paper (Besalú) y presidente de la comisión de Energía de Pimec. Escribe en el Diari de Girona. Sus artículos se pueden consultar en la web www.jvila.cat

El mundo ha cambiado desde los años noventa, cuando empezó a globalizarse. Esta transformación prosiguió durante el primer decenio del siglo XXI a raíz de la digitalización y se remató en el 2009 con la crisis derivada de las hipotecas de alto riesgo. La evolución de las sociedades va a gran velocidad y a menudo no nos deja digerir los cambios que comporta. Una consecuencia sustancial de todo es la transferencia de puestos de trabajo de Catalunya a China, pero también los efectos sobre la productividad de las empresas que resultan de la digitalización, la apertura de los productos al mercado global, la transformación de las grandes ciudades en espacios de servicios y la expulsión de la industria, y la obligación de vivir en una incertidumbre económica permanente, que produce angustia al ciudadano.

Catalunya no ha sido ajena a esta transformación del mundo y ha afrontado estos desarrollos, que a menudo han supuesto oportunidades, pero también han creado conflictos. La pérdida parcial del modelo de turismo de sol y playa, aun cuando ha frenado la especulación inmobiliaria, ha dejado tocada la costa, que ahora obtiene ingresos modestos y convive con altos precios de viviendas. La expulsión de la industria de Barcelona y del anillo metropolitano ha significado una oportunidad para las comarcas aledañas, que pueden ofrecer terrenos a mejor precio y menor conflictividad laboral. También ha ayudado a mejorar la red de carreteras en las comarcas, materializada por el gobierno del tripartito. El salto cualitativo de la enseñanza universitaria y de la formación profesional de excelencia en algunas comarcas ha propiciado que las empresas en estos territorios sufrieran menos la crisis. A modo de ejemplo, la Garrotxa registró en el 2013 un paro del 13%, cuando en Catalunya era del 19% y en España, del 26%. Algunos de los disparos diferenciadores de la Garrotxa son la innovación y el desarrollo tecnológico, la sostenibilidad social, la disponibilidad del pulso de desarrollo e infraestructuras y una sostenibilidad ambiental.

El puerto, catalitzador

El caso es que, a partir del primer decenio del siglo xxi, las empresas de las comarcas interiores empezaron a transformarse con miras a absorber la pérdida del trabajo de la industria textil y la llegada de la crisis supuso un salto hacia la exportación como consecuencia de la pérdida del mercado español. Las empresas catalanas empezaron a exportar y se agradaron a sí mismas en este nuevo paradigma .La transformación del puerto de Barcelona actuó como catalizador. De repente, la metrópoli se había transformado en ciudad de servicios y las comarcas, en territorio industrial, de forma que la sinergia obtenida adquiría una gran potencia. La exportación obliga a tener muy buenos costes y a ser competitivo, a invertir y a mantener la mirada puesta en el mundo de forma permanente. Económicamente, exige pertenecer a una dinámica competitiva, transparente e inclusiva, moderna y, dicho de otro modo, a alejarse de los esquemas extractivos.

España ha elegido como modelo económico el del Gran Madrid endogámico y Catalunya, el exportador y productor

En el ámbito político, esta transformación del territorio y de la economía en Catalunya se traduce en una disconformidad entre las pymes y las grandes empresas extractivas, estas últimas a menudo vinculadas a la redacción del BOE. Además de este enfrentamiento, también se desarrolla un conflicto entre el tejido industrial catalán y el poder económico español por las diferencias de modelo inclusivo y extractivo, pero aquí con una discrepancia intensa en cuanto a las inversiones en infraestructuras, tan necesarias para la competitividad de las empresas de comarcas exportadoras. Recientemente hemos asistido a algún episodio sintomático con motivo de la fundación de la Plataforma Pymes en España o de las elecciones de la Cambra de Comerç de Barcelona. El conflicto actual se dirime alrededor del modelo, de la manera de entender la sociedad, la economía y la justicia, y no se trata tanto de una cuestión identitaria. Focalizarse en el término identidad es una simplificación que invita a mantener las discrepancias y las batallitas, pero el conflicto verdadero es de poder y de diferencia de modelos. El mundo interior de Catalunya no es un mundo rural de bajo nivel, no es un territorio de tractores. Es un mundo de empresas agrícolas y alimentarias potente, con un sector agroalimentario que es avanzadilla de la economía de la Europa del sur y presenta un factor multiplicador de cinco. Es un mundo que viaja a menudo y no acepta imposiciones, sino que pide explicaciones, que se subleva cuando es motivo de injusticia: en definitiva, un mundo que toma como referente a los vecinos europeos.

Luchas de poder

Por eso, para resolver el conflicto es fundamental situar el foco sobre las luchas de poder en el interior de Catalunya y entre Catalunya y España. Los modelos de los territorios son distantes, y cada vez más de resultas de que España ha elegido como modelo económico el de la Gran Madrid endogámica y Catalunya, el modelo exportador y productor. Hay un proyecto consumidor contra otro generador, un modelo de absorción contra otro que se niega a renunciar a los recursos que necesita para seguir innovando e invirtiendo para exportar, uno inclusivo contra otro clientelar con un oligopolio de rentas excesivas que impone prácticas restrictivas a la competencia

A estos conflictos se suma un cambio radical de la economía. En adelante, a la globalización y a la digitalización hay que agregar una transición energética que comporta una modificación de los valores económicos hacia una economía de consumo justo, lejos del exceso que ha dominado el último siglo. Por eso es principal la colaboración entre actores, entre empresas e instituciones. Ahora más que nunca hay que alinear los objetivos para conseguir sinergias y resolver así conflictos y suprimir carencias. Ejemplo de ello es el despliegue de la fibra óptica en la Garrotxa con el fin de corregir la atonía de las empresas de telefonía: en respuesta a las demandas de los empresarios, el Consell Comarcal desplegó la fibra óptica troncal que conecta a todos los pueblos. A partir de ahí nacieron empresas locales que la extendieron hasta las empresas y los particulares. Es un ejemplo de win-win que permite superar una carencia grave.

El conflicto interno de Catalunya está en vías de solución, pero resolver la permanencia de Catalunya dentro del Estado español requiere –¡ingente tarea!– superar el modelo del Gran Madrid ideado por Aznar, democratizar más España y volverla inclusiva. ¿Es ello posible?

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