Potenciales de las Terres de Lleida

Ramon Morell
Licenciado en Ciencias Económicas por la UB. Ha trabajado en el campo del urbanismo y haciendas locales. Exprofesor asociado de la UdL, ha publicado libros de economía general y sobre el impacto territorial de las infraestructuras

Hablar hoy de crecimiento económico exige cambiar paradigmas. La importancia del control de los recursos naturales se ha modificado sustancialmente, la contaminación ya es un coste que hay que incorporar al proceso productivo y referirse a la economía circular o la bioeconomía es totalmente natural. En este nuevo marco, ¿cuáles son las potencialidades económicas de la vegueria de las Terres de Lleida?

La primera es la agricultura. El PIB agrario de las Terres de Lleida representa el 35% de Catalunya. El sector primario incluye, por ejemplo, la fruta (700.000 toneladas, el 80% de la producción total catalana), el aceite (alrededor de las 10.000 toneladas) o la carne (el 55% de la producción de carne de cerdo de toda Catalunya) y los derivados lácteos. El futuro del sector reside en la calidad. En la producción de alimentación de primer nivel —la ecológica—, el precio no tiene importancia alguna y sí la tiene la calidad y el servicio al consumidor. Hay que modificar, pues, el sistema distributivo. Ha de ser el agricultor asociado quien lleve el producto directamente a los puntos de consumo (y recordemos a este respecto todo lo referente a la hostelería y la restauración).

La tierra no desaparecerá

Es evidente que el futuro de la explotación familiar, predominante en nuestras tierras, es más que incierto, pero como que la tierra no desaparecerá nunca como factor productivo —alguien la tendrá que cultivar—, nos resistimos a hablar de la desaparición del pagès. Aún podría tener mucho que decir tanto por la calidad del producto como por la imperiosa necesidad de instaurar en el sector un sistema de transferencias que iguale las rentas recibidas con el valor añadido. Ahora los precios de mercado no comprenden muchos de los valores que el pagès incorpora durante el proceso de elaboración. Desertización, medio ambiente, contaminación, conservación de la tierra, etc., son costes que cargan al agricultor, pero el mercado no cuantifica. Urge instaurar un sistema de transferencias para que el agricultor reciba el ingreso que el mercado le niega. Nada es tan necesario para la cohesión territorial como el mantenimiento de los residentes en los núcleos de población.

Otras potencialidades derivan de la situación de las Terres de Lleida. La situación no es diferencial, monopolista o exclusiva, sino que sencillamente nos permite competir en un marco de igualdad. En medio de dos sistemas urbanos muy importantes como el del Área Metropolitana de Barcelona y el de Zaragoza —con el centro logístico de Inditex al lado del aeropuerto de Zaragoza—, su papel tiene que ser de complementariedad. La modernidad ha llevado aparejado que la industria aislada (sin relaciones de cooperación y colaboración que configuren un tejido industrial) casi haya desaparecido del todo. En el presente, la expansión está vinculada a la existencia de un distrito industrial, de un sistema industrial local, donde la especialización y el vínculo con otras áreas son indispensables.

Hay costes que cargan al  agricultor pero el mercado no cuantifica; debe instaurarse un sistema de transferencias que los compense

La industria agroalimentaria es la más importante en las Terres de Lleida. Si consideramos el sector primario (la parte de la agricultura y la ganadería productora de inputs para la transformación industrial), su valor está en torno al 40% del total del PIB, que equivale a unos 3.000 millones de euros para toda el área de las Terres de Ponent; aquí, la ocupación representa el 10,14% del total, la más importante después del sector servicios. Destacan dos grupos líderes en Catalunya, el grupo Vall Companys SANO, cuya sede social está en Madrid, con una facturación anual de 1.735 millones de euros, una producción de carne de cerdo de 380 toneladas y unas exportaciones que superan los 500 millones de euros, cerca del 30% de su volumen de ventas total, y el grupo de la Corporación Alimentaría de Guissona SA, que factura 1.816 millones de euros, emplea a 5.135 trabajadores e integra 4.480 agricultores ganaderos. En los últimos años, la actividad del grupo se ha centrado en toda España en los establecimientos de supermercados con el nombre comercial de bonÀrea; en la actualidad dispone de cerca de 500 establecimientos.

El problema fundamental del sector es más relativo que absoluto, es decir, el problema es la comparación de nuestro sistema agroalimentario con otros más cercanos. Pero esta comparativa la tenemos que hacer forzosamente, dado que son los niveles de competitividad los que nos marcarán la expansión y el futuro. No estamos ante un monopolio productivo, sino que nos encontramos ante un sector industrial poderosamente marcado por la producción de materias primas.

Tenemos dos sistemas competitivos muy fuertes: las comarcas tarraconenses en cuanto al aceite y Osona en cuanto a la carne de cerdo. El Área Metropolitana de Barcelona y, junto a ella, los dos Vallès y Bages son de otra dimensión, sobre todo a efectos de producción. La industria agroalimentaria tiene una serie de peculiaridades que, al tiempo, suponen ventajas en razón de la situación de las Terres de Lleida. Por ejemplo, es fundamental para la cohesión territorial social, dada la integración vertical (no la ganadera) que supone la existencia de un clúster embrionario. Las tecnologías y la innovación —imprescindibles hoy en día para el desarrollo de la industria agroalimentaria— tienen una muy buena cocina en el Parque Científico y Tecnológico Agroalimentario de Lleida (PCiTAL). Por otro lado, nuestra industria agroalimentaria ofrece, ante las economías de la aglomeración, las de proximidad y la gran ventaja de poder utilizar inputs, materia prima, cada vez más ecológica, de modo que se puede contar con una agricultura que permite su transformación asegurando la sostenibilidad, el respecto al medio ambiente y, sobre todo, la salud y el bienestar de los consumidores.

Logística compleja

Sin omitir el sector de la maquinaria agrícola, los materiales para la construcción y la metalurgia, la otra rama de futuro económico a las Terres de Lleida es la logística. El sector logístico es muy complejo: integra el transporte, el almacenamiento, la manipulación y el acondicionamiento de los bienes, pero también los flujos de información que requieren los diversos agentes que intervienen a lo largo de todo el ciclo que va del punto de salida al de llegada. Por otro lado, el término logística comprende actividades muy diferentes. No es el mismo, por ejemplo, la actividad logística dedicada a la provisión de centros industriales que las que se tienen que realizar para el abastecimiento de los consumidores o, incluso, la dedicada a la provisión de las ventas al por menor de un producto y marca determinada desde un punto central de almacenamiento. Igualmente, considérese que los tipos de bienes o de flujos también pueden comportar diferencias notables en el desarrollo de estas actividades.

La logística ha ido adquiriendo entidad propia con el crecimiento económico y la globalización. En muchos lugares se ha ido independizando de las actividades originariamente productivas que la motivaron para convertirse en un sector de actividad por sí mismo, con una notable, además, capacidad de exportación. Tenemos que tener presente que, en el caso concreto de las Terres de Lleida, hay un eje central de importancia capital en el futuro de la actividad económica y, especialmente, en este de la logística: la antigua N-II. Este eje ha de convertirse en determinadas y singulares áreas de actividad que recojan los efectos multiplicadores de los inputs infraestructurales, el aeropuerto, el canal Segarra-Garrigues y el PCiTAL, de forma que apoye la creación de un centro logístico que sea el punto de referencia para la Catalunya interior.

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