La ciudad de la Catalunya Sur

Licenciado en derecho, Máster en gestión de empresas y Máster en humanidades y cultura contemporánea. Ha trabajado más de diez años en la internacionalización de empresas. En los últimos ocho años ha sido regidor de promoción económica y urbanismo en el ayuntamiento de Reus.

En 1965 Ernest Lluch publicaba en Serra d’Or un artículo1 sobre el desarrollo industrial de la ciudad de Tarragona, en el que subrayaba el impulso de la región del Camp. Empezaba con una afirmación categórica: “Podemos considerar Tarragona como la única posibilidad de crecimiento de una gran ciudad industrial fuera del área metropolitana de Barcelona”. Han transcurrido más de 50 años y aquella expectativa es hoy una realidad. La primera ciudad de Catalunya en población, riqueza, industria y dinamismo fuera de la gran Barcelona está hoy exactamente donde apuntaba Lluch. Esta realidad late con fuerza, pero se difumina sobre el mapa pendiente de una articulación metropolitana que la consolide.

Catalunya tiene un sur más rico y productivo de lo que dan a entender las reglas de la latitud. Contra los tópicos y los lugares comunes, el Camp de Tarragona y las Terres de l’Ebre –la Catalunya Sur– disponen hoy de un PIB y una riqueza per cápita que supera la de la vegueria de Girona. Hay región, hay hinterland, pero el tesoro y la palanca del potencial de este espacio es su capital emergente. Las ciudades son la dinamo del crecimiento económico. Como afirmaba Jane Jacobs2, una ciudad no es un pueblo grande, es otra cosa. Y una ciudad que se acerca al medio millón de habitantes supera con mucho el potencial de ambición y presencia de dos ciudades de cien mil habitantes cercadas de pequeñas ciudades de menos de cincuenta mil. La concentración de riqueza y habitantes, el grueso de ideas en cooperación y competencia, constituye la base del impulso cultural, empresarial, social y político. Cuanto más grandes son el volumen y la densidad, más potencia y crecimiento. En el sur del país, a cien kilómetros de Barcelona, hace cincuenta años que se cuece una nueva dinamo del crecimiento catalán. Reus y Tarragona, Cambrils, Salou, Vila-seca y unos cuantos pequeños municipios más concentran dentro de pocos kilómetros cuadrados de práctica continuidad urbana una creación de riqueza que supera ampliamente los 10.000 millones de euros el año y genera alrededor del 5% del PIB catalán.

La consolidación de la nueva Área Metropolitana es una prioridad regional y nacional

La economía de esta región, con una fuerte concentración en los municipios que hacen las veces de capital, se ha construido sobre un imposible. Si hace más de cincuenta años, cuando Lluch escribía su artículo, alguien hubiera anunciado que el polo petroquímico más importante del Mediterráneo se situaría junto a un destino turístico de éxito con uno de los mejores parques temáticos de Europa, habría suscitado una incredulidad más que comprensible. Pero aquella estrategia imposible ha acabado por ser realidad. Las grandes multinacionales de la química, PortAventura, el futuro complejo de ocio y turismo que construye Hard Rock y kilómetros de playas se han revelado compatibles. Uno de cada tres turistas que visitan Catalunya van a la Costa Dorada. Uno de cada tres. Servicios sí, pero industria también. El 24% del PIB de la región es de base industrial, bastante por encima de la media del país, que se sitúa por debajo del 20%. Y la industria va más allá de la química y replica el desplazamiento del sector industrial hacia el interior que se da hoy en toda Catalunya. Reus, Valls o Montblanc cuentan con una presencia fuerte de centros de producción de clara orientación exportadora, que refuerzan el carácter industrial de la economía del Camp de Tarragona.

Todo ello ha sido posible gracias a una combinación de factores. En la base está el empuje de la química y el turismo, que arranca hace sesenta años y se consolida sobre tres proyectos clave impulsados por la Generalitat durante los años noventa: el agua del Ebro, la Universitat Rovira i Virgili y PortAventura. La consolidación de la industria, la sofisticación del turismo y la maduración lenta de una sociedad del conocimiento no habrían sido posibles sin aquellas apuestas a largo plazo que la región supo aprovechar y hacer suyas. Ahora, casi una generación más tarde, la región y su metrópoli se interrogan sobre los proyectos que permitan dar un nuevo salto adelante.

Más y mejor  oferta turística

El Complejo Recreativo y Turístico (CRT) que Hard Rock empezará a construir pronto entre Salou y Vila-seca es una respuesta evidente: más y mejor oferta turística para desestacionalizar definitivamente el sector y conseguir que el aeropuerto y la terminal de cruceros del puerto tomen nuevo impulso. Ahora bien, la tarea pendiente principal en la Catalunya Sur es la conexión definitiva de su capital metropolitana. Es indispensable formalizar las dinámicas existentes mediante una gobernanza metropolitana que materialice una realidad que ya se respira: gestionar desde una óptica metropolitana áreas de gestión pública como la planificación urbana, la sanidad o el transporte público –no hay en Catalunya ningún proyecto de inversión pública con el retorno potencial del tren tranvía del Camp, que ha de unir los cinco municipios de la ciudad metropolitana– y conectar a la gente y las ideas para ser más ciudad, esto es, más dinamo, al tiempo que se mejora la conexión ferroviaria con Barcelona.

Una decisión cuestionable dejó la estación de alta velocidad del Camp a quince kilómetros de Reus y a diez de Tarragona; en consecuencia, el AVE no cumple al sur del país la función que asume en las ciudades de Girona y Lleida. El tren de alta velocidad desde Valencia tendría que permitir reparar este error acercando Tarragona y Barcelona. CRT, gobernanza metropolitana y mejora de la conexión ferroviaria en Barcelona pueden ser, a la postre, los proyectos motores de las próximas décadas.

La consolidación de esta nueva área metropolitana es una prioridad regional, y también una gran oportunidad nacional. Un nuevo polo urbano que alcance el medio millón de habitantes situados en el centro del triángulo formado por Zaragoza, Valencia y Barcelona ayudará a recoser tres realidades que tienen que continuar acercándose. Barcelona es una ciudad global que impulsa el país —es evidente—, pero la economía catalana será más sólida y potente si consigue estructurarse según un modelo multimotor que refuerce los polos secundarios de crecimiento. En Tarragona, como afirmaba Lluch, el motor ya trabaja.

1. Lluch, E. (2002). Apunts sobre Economia i Cultura. Barcelona: Pòrtic.
2. Jacobs, J. (1977). The Death and Life of Great American Cities. Londres: Penguin.

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