Imaginando el futuro

Sots-director del Centre d’Estudis Demogràfics y autor de "Demografía zombi. Resilientes y redundantes en la utopia neoliberal del siglo XXI" (2018).
Manifestacion Casa nostra casa vostra, en apoyo a los inmigrantes y refugiados. (César Rangel)

Si tuviéramos que resumir el espíritu del tercer milenio diríamos que la única certeza que compartimos es que el mundo de ayer se disuelve, pero no somos capaces de entrever el nuevo. También en relación al futuro demográfico. Catalunya es un buen ejemplo. A pesar de la aparente solidez de las tendencias demográficas (debido a la inercia que impone la estructura por sexo y edad, es decir, al peso de los comportamientos del pasado, que hacen del envejecimiento de la población una pauta cantada), la prospectiva es difícil. ¿Por qué?
Por tres razones.
La primera es demográfica: cada vez más la evolución de la población se debe sobre todo a la migración, el más volátil de los fenómenos demográficos. La segunda, económica: la próxima revolución tecnológica –la Cuarta Revolución Industrial– está transformando los comportamientos demográficos –fecundidad, mortalidad– y la categorización de las poblaciones, conformando un mercado de trabajo que reclama una revolución en el sistema educativo difícil de prever. Tercera, política: está variando la governanza que dio lugar al naci- miento de la demografía y que ligó el gobierno a la voluntad de “hacer vivir y dejar morir” que definía la bio-política.

Saldo negativo

En términos demográficos, la mayoría de países desarrollados han devenido Sistemas Complejos de Reproducción (SCR). El saldo mi- gratorio –la resta de inmigración y emigración– constituye el componente principal del crecimiento, muy por encima del crecimiento vegetativo (que es el resultado de restar los nacimientos –más escasos por la baja fecundidad– y las defunciones –más numerosas por la propia estructura envejecida de la pirámide).

El desafío es luchar contra la irrelevancia que nos amenaza, fortaleciendo un discurso alternativo

A lo largo de las próximas décadas en Catalunya este saldo será negativo debido a la senesencia de las generaciones del baby boom. Preeminencia de los flujos en la que intervienen poblaciones trashumantes –de los nómadas digitales a los refugiados, pasando por las élites globales heterolocales–, que se relacionan e impactan sobre el territorio de forma muy diferente a como lo hacían los inmigrantes tradicionales que construyeron los SCR.
Envejecimiento y migraciones como riesgos globales se han usado como postverdad, difundiendo medias verdades o exagerando el alcance. En el primer caso para hacerse con el negocio de la privatización de los fondos de pensiones. En el segundo, para hacer aceptables la desregularización del mercado y la pérdida de libertades en nombre de la seguridad. Se olvidan, en cambio, los adelantos de la esperanza de vida y su significado. Y si el que se presenta como síntoma de decadencia fuera la mejor adaptación individual y colectiva a un modo de producción? Por otro lado, des- pués de treinta años de agitar el esperpento de la “presión demográfica” en el Mediterráneo, en los treinta próximos habrá que hacer frente al crecimiento de la población en el África subsahariana. Se doblará, sin que de la UE partan más políticas que la externalización del control de fronteras.

Pacto intergeneracional

Desde la demografía el horizonte estará marcado por la diversidad y por la necesidad de un pacto intergeneracional e intercultural. Se impondrá la reconfiguración del ciclo de vida de acuerdo con las ganancias en longevidad y las exigencias en formación.
Con el triunfo del capitalismo global y tardío, hay quien habla de “sobrecalentamiento del sistema” apuntando como principios entrópicos la aceleración de los flujos migratorios combinada con la dualización del mercado de trabajo y el aumento de la desigualdad.

Envejecimiento y migraciones como riesgos globales se han usado como posverdad: se han difundido medias verdades o se ha exagerado el alcance

El desvanecimiento de la promesa de movilidad social ascendente, en un sistema que se quiere meritocrático, pone a prueba la reproducción social. La tendencia a categorizar jerárquicamente la distribución de los recién llegados en función de los prejuicios de los autóctonos (color, origen etnocultural, religión) podría crear sociedades pigmentocráticas.
La crisis económica y las políticas de austeridad han azuzado el miedo de los trabajadores autóctonos a caer en la redundancia, haciendo culpables a los inmigrados del descenso social que pueden experimentar. Mientras, el impacto del cambio climático así como el crecimiento de la obsolescencia causado por la disrupción tecnológica hará que los movimientos migratorios –y su control cada vez más sofisticado de fronteras y poblaciones– se diversifiquen, crezcan, se aceleren. En Catalunya, como en todas partes, querer cambiar el signo de las migraciones sin transformar el modelo de crecimiento basado en la baja calificación, constituye un espejismo peligroso. El reto será saltar a una economía basada en la innovación y luchar contra la tentación pigmentocràtica, a la vez que se aplica una política migratoria proactiva.

Thanatopolítica

En tiempo de crisis, prescindir de la población sobrante, nos dirige a la otra cara de la bio-política: la thanatopolítica. El dejar morir, la decisión del poder sobre quien salva y quien sacrifica en aras del crecimiento, de la seguridad o de la felicidad, y su aceptación no sólo por la mayoría de la población, sino por los propios afectados. Porque equiparar los papeles de género, ser inmortales, y sabios, y disfrutar del paraíso tecnológico que se acerca, tiene un precio: no todos pueden beneficiarse.
No ha de extrañarnos que los horizontes postapocalípticos ilustren el imaginario social del tercer milenio. Cuando las disfunciones globales impactan a la escala local, los populismos se sitúan en esta línea tempestuosa como reacción al miedo al crecimiento de la redundancia y el acoso a las clases medias. Y los relatos son importantes. Las expectativas a las que se corresponden o crean pueden cambiar el porvenir, orientando y coordinando la acción de los agentes sociales en el que se confirmará como una profecía autocumplida.

Ni centro ni provincia

No deja de ser inquietante el regreso de un cierto discurso eugenista en el que la intervención de los humanos en la evolución de la especie (ingeniería genética) acompañada con la fusión con las máquinas (cyborgs) imponga una jerarquía que coincida con la estratificación social. El futuro que nos espera, también el demográfico, será resultado de la competencia entre los futuros imaginados aunque su concreción acabe para diferir de las utopías o distopias que las han generado.
¿Y en Cataluya?
El desafío es luchar contra la irrelevancia que nos amenaza, fortaleciendo un discurso alternativo, democrático y equitativo desde la periferia, aquellos que sin ser centro no se resignan a ser provincia.

Con el triunfo del capitalismo global y tardío, hay quien habla de “sobrecalentamiento del sistema”

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